La madrugada de Viernes Santo en Sevilla fue testigo de la impresionante procesión de seis hermandades hacia la Catedral, sin contratiempos y con una notable participación de más de 15.000 nazarenos en las calles. Este año, destacó el reencuentro con la Esperanza de San Gil después de su restauración, siendo uno de los momentos más emotivos de la noche.
La jornada comenzó con la apertura de la Basílica de la Macarena, donde más de 4.300 nazarenos acompañaron la cruz de guía en un cortejo que culminó en la Catedral. La presencia de la Virgen de la Esperanza, tras su restauración, atrajo la atención de todos, al igual que la entrega de la Rosa de Oro por el Papa Francisco.
Otra hermandad emblemática, la del Gran Poder, adelantó su salida 25 minutos, luciendo su imponente paso con la túnica de los devotos y un exorno floral de claveles rojos. La hermandad estrenó un lábaro de plata en honor a la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso.
La Madrugada también fue especial para la hermandad del Calvario, que salió con un techo de palio y manto recién restaurados, así como para la hermandad trianera de la calle Pureza, que abrió sus puertas con más de 3.200 nazarenos. Los Gitanos pusieron el broche de oro a la noche, con el palio de la Virgen de las Angustias estrenando faldones bordados.
El cierre de la Madrugada se acercaba, pero aún quedaban momentos emotivos por vivir en los barrios de la Macarena, Triana y la Puerta Osario. La hermandad del Cristo del Cachorro se preparaba para abrir el Viernes Santo por la tarde, después de su participación en una procesión extraordinaria en Roma el año anterior.
Así concluyó una noche llena de fervor y tradición en Sevilla, donde las hermandades y los nazarenos se unieron para celebrar una de las festividades más importantes del año en la ciudad.
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