Hace 45 años, en junio de 1981, se hizo un descubrimiento sorprendente en la Plaza Nueva de Sevilla durante las obras preliminares para la construcción del Metro de la ciudad. A once metros de profundidad, se encontraron los restos de una embarcación de madera de aproximadamente siete metros de largo, junto con un ancla cruciforme. Estos hallazgos, conservados en el Museo Arqueológico de Sevilla durante décadas, fueron trasladados al Centro Logístico de Patrimonio Cultural de Andalucía en La Rinconada en 2020.
Un arqueólogo, Carlos Cabrera Tejedor, se encargó de estudiar, limpiar y catalogar las más de cuatrocientas piezas metálicas y de madera pertenecientes al pecio. Estos restos están siendo investigados actualmente con técnicas como la fotogrametría y el modelaje en 3D por la investigadora Marta del Mastro Ochoa, en un proyecto financiado por el Institute of Nautical Archaeology de la Universidad de Texas.
Este pecio andalusí del siglo XI es único en el registro arqueológico europeo, lo que lo convierte en un importante hallazgo para el patrimonio histórico. El rescate de estos restos en 1981 fue una tarea compleja, pero crucial para su preservación. Se extrajeron al menos 400 fragmentos, que representan aproximadamente el 30% de la embarcación original.
El origen andalusí de la embarcación fue determinado por Carlos Cabrera Tejedor, quien estableció que probablemente fue construida y utilizada durante la segunda mitad del siglo X o el primer cuarto del siglo XI. Se cree que era una embarcación de propulsión manual utilizada para el transporte de mercancías en el Guadalquivir.
La importancia de este hallazgo radica en que es la única embarcación andalusí del siglo XI conocida en la península Ibérica, lo que proporciona información invaluable sobre la navegación y el trazado fluvial de Sevilla en la Antigüedad y la Edad Media. Este descubrimiento arqueológico seguirá siendo una fuente de conocimiento para las generaciones futuras, una ventana al pasado marítimo de la región.
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